PAUVRE MAMAN Después de cerrar silenciosamente la puerta detrás de mí y correr los 20 metros que la separan del portón de entrada, me di cuenta que no llevaba dinero. En realidad, que no tenía dinero, que era algo mucho peor. Por supuesto estaba atrasada y dejar pasar –por el motivo que fuera- mi único medio de transporte, significaba a su vez perder el próximo bus a T y, por tanto, llegar tarde a la oficina en el centro, una vez más. Tenía solo unos cuantos segundos para pensar. Don Jaime podría llevarme gratis hasta el pueblo sin problemas pues sabía que todos los días dependía de él para llegar a tiempo a tomar el bus hacia la ciudad. Le pagaría mañana. Pero ¿qué pasaría cuando llegara a la oficina de buses y bajo ninguna circunstancia me dejaran abordar uno sin pagar?. Hoy no se fía, mañana sí. Llegaría atrasada de todas maneras. Podía desandar mis pasos y sacar rápidamente a P de la cama para que me llevara en auto. Pero ¿de que servía si él tampoco tenía un peso? Podía llegar a tiempo al bus pero de ninguna forma podía pagar por él. No hoy. Hacía tiempo que los fines de mes eran una especie de pequeño calvario de piruetas financieras. Varias veces habíamos discutido la alternativa de pedir un préstamo pero, la verdad, no había idea más aterradora. Cada vez que yo lo pensaba volvían a mi las sudorosas pesadillas de Raskolnikov en Crimen y Castigo. No, no había forma de que me enfrentara a ello.... los prestamos son a mi juicio el más efectivo instrumento de nuestra perdición. Entonces me devolví hacia la casa dormida y después de ponerme nuevamente el pijama, me zambullí gustosa en la cama caliente y dormí plácida hasta que los niños comenzaron con ese cantito que no escuchaba hacía tanto tiempo. - Mamaaan, ven!!! La oficina era algo que podía esperar. |
lunes, enero 09, 2006
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1 comentarios:
Cuando alguien va a verme, aún tan sigilosamente, y deja su huella en alguno de mis escritos aún algo añejos y archivados en La casa del castor, siempre devuelvo la visita y suelo, en agradecimiento, quedarme un rato y conocerle un poco.
Casi siempre leo lo último o lo más reciente y por lo general siempre me voy con un sabor grato de visita dulce.
Lo que me ha pasado al venir aquí me ha pasado unas dos o tres veces (de los cientos de viajes que he hecho), me he quedado.
Se me ha producido un click, o una extraña conexión como me ha pasado con los grandes de esta comunidad.
Nada en el jardín.
Habrá que descubrirlo, siempre hay algo.
Estaré de vuelta más temprano que tarde.
Un abrazo.
Grandes letras, me voy impresionada
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