EXIT, LA OTRA SALIDA Son las 5 de la tarde según el reloj de la vieja computadora que me han asignado en la oficina en que trabajo. Afuera hace calor y aquí dentro el olor a desodorante ambiental me produce lo mas cercano al asco. El pequeño e insalubre baño que compartimos quienes trabajamos en el primer piso no alcanza para contener los indescriptibles hedores que, una vez emanados, serpentean traicioneros hasta alcanzar mis orificios nasales, penetrar mi garganta, asfixiarme silenciosos y confundirme en una mueca de repulsión. (Me llaman a reunión) He regresado y el olor sigue aquí latente e invasivo. Trato de respirar el perfume de las cerezas que recién compré y sin embargo la mezcla inverosímil se convierte en algo mucho peor, irrespirable, casi demoníaco. Por un instante reacciono, vuelvo en mí y me doy cuenta que ha sonado la campana de salida y los teclados han comenzado a descender el frenesí de su golpeteo. No hay razón para estar aquí. Tomo mis bolsas de la feria, la camioneta de juguete que hemos comprado para el cumpleaños de Emo y meto mecánicamente celular y agenda en la cartera. No hay nada como la libertad de salir de la oficina. Bueno, en realidad está esa otra, la libertad de no tener que trabajar. Hasta Mañana. |
martes, enero 10, 2006
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4 comentarios:
Un gran título para otro post ese:
"La libertad de no tener que trabajar"
Para quienes el trabajo que realizamos no forma parte de la vocación de nuestras vidas, no nos queda otra que derramar letras para encontrarnos y hallar respiros. Consolémonos con tenernos unos a otros, por ahora.
Un abrazo grande, gracias por pasar a verme.
Contraste de paraíso y purgatorio.
Contraste de paraíso y purgatorio.
mich una conocida posteando...
ahora que razón...a mi que gustaría no trabajar...
ser lo cochinamente adinerado y no trabajarleeee un día a naiden...
sueño, solo sueños...
pues al pobre nadie le fia...
adios señorita.
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