martes, diciembre 13, 2005

ANOCHE

Cuando me desperté sentí la cara hinchada, la boca seca y adolorida. Trate de incorporarme y mi nariz amenazó con reventarse. No sin esfuerzo me senté, solo para comprobar que tenía los zapatos puestos.

1 comentarios:

El señor K. dijo...

No tengo interpretación sicoanalítica para lo de los zapatos.
¿Eran negros acaso, muy ceñidos al pie?
¿Eran rojos y holgados?
Como dijo Dorothy chocando los talones: No lugar como el hogar.
Y lo primero que hizo al volver a Kansas fue meter los zapatos a la chimenea y degollar a Toto, perrito insoportable.