martes, mayo 05, 2009




Han pasado dos años, creo, desde la última vez que decidí volver a postear. Una decisión más en que la no-voluntad me la ganó. Sin duda.

Maldigo el maldito puto tiempo incompleto que no me calza con los deseos. Que no me deja espacio para escribir de estas cosas que me rondan y me rebotan. Esta crisis económica que me afecta y me desafecta como si con las mejores ganas, renunciar a la pega fuera la única forma de dejar de darle importancia.

En estos dos últimos años nació nuestra tercera hija, a lo mejor ya lo dije. Se llama Emma y es la más feliz de las Emmas que he visto por allí-por allá. Es la renovación del espiritu de la infancia que no quiere partir de nuestra casa. Y aunque en este último año estuvimos un poco separados todos en el cuerpo no lo estuvimos en el alma. En estos últimos años reafirmamos el compromiso de seguir haciendo patria en esta ciudad tan rara, tan turística y tan pobre.

Descubrí otras vocaciones, talentos y maniobras distractivas del monótono día a día funcionario. Demás está decir que ninguna de ellas es eficiente. En fin. Sigo aquí, extrañando a mis amigos de siempre a quienes –paradógicamente- nunca veo. He tenido la suerte de cruzar mi camino con otros nuevos amigos a quienes extraño de igual manera aunque los veo más.

Soy jefa de una familia de locos adorables, llenos de hadas, duendes marinos y enanos encantadores que con sus picotas recomponen minerales y piedras a miles de kilómetros bajo tierra. Hay días en que estoy bien feliz y que coinciden con mis tiempos de ocio, de paz, de jardín, de recoger murta en el campo con Etienne, de ir a pasear a buscar changles con Louise y la tropa a la cabaña de Miro y Bruno. Otros me consumo en papeles y oficios, memos y triplicados.

Después de años puedo decir sinceramente que la burocracia no es lo mío.

Después de años puedo decir que las aspirinas no funcionan. Pareciera que solo los cambios desde la raíz traen paz. Y yo estoy afilando mi hacha.

lunes, junio 18, 2007


Martes, incondicionalmente amados

El día comenzó a las siete de la mañana cuando la insoportable alarma de P nos despertó con un agudo biiiiiip. Mis noches, las últimas, han estado plagadas de despertares inciertos y luchas sin destino por volver a dormir, entonces la alarma después de una noche de buen sueño opera como un inmerecido castigo.

Nos metimos a la ducha y allí llegaron nuestros hijos como cada día… y finalmente todo se convirtió en un desfile de piluchos mojados y con frío. Especialmente esta mañana de junio con cuatro grados bajo cero.

Es curioso como las responsabilidades se van “asignando” en una familia. En la nuestra están tan definidas y son tan flexibles a la vez…. Sin embargo todo gira en torno a los niños, a su felicidad, a darles un buen ejemplo, a la necesidad íntima de darles afecto, de que nos acepten en esa entrega, de sentirnos amados por ellos, abrigados, incondicionales. La otra cara de la moneda.

Con tanta frecuencia los adultos asumimos que somos el puntal de nuestros hijos, que somos encargados de darles y proveerles de “cosas” y afectos, lo que en sentido estricto es fácil de suscribir.

Sin embargo me pasa que cada noche cuando llego tarde del trabajo y les veo enfundados en sus pijamas con patitas reconozco en mí el vacío que su ausencia me provoca. Sólo verlos esperándome en la puerta me devuelve la calma, me libera, adormece mis demonios, restituye mis defensas.

Con mis hijos no tengo que ser nadie más que yo, con ellos jamás me siento en el lugar equivocado, con ellos siempre estoy viva. Me enamoran, me cautivan, me enternecen hasta lo indecible, me re-encantan con la idea de la familia que tan mala reputación tenía guardada en mis libros.

Entonces lo que yo creo que les doy me lo devuelven con enormes intereses. Lo que “hacemos por ellos”, en realidad lo hacen ellos por nosotros. Y lo hacen hoy, no mañana.

Por eso cuando esta mañana los cuatro montamos en nuestro autito, cuando nos besamos en la puerta del jardín infantil con las mejillas rojas y la punta de la nariz congelada, tuvimos como un rayo la certeza de la buena fortuna, de sentirnos padre y madre amados, abrigados, incondicionales.

Insisto: hoy, no mañana. Y en todos los idiomas de nuestro amor. En todas las gamas de nuestros colores, en todo el entramado de nuestra trayectoria. De nuestra historia de 6 años que ha sido –sin dudas- la aventura más compleja en la que hemos puesto las manos.

lunes, junio 11, 2007


COMPROMISOS O LA VERDADERA VOLUNTAD DE (QUERER)SER

Desde la ventana del segundo piso puedo ver a la ovejas mirando envidiosas a sus vecinas que, cobijadas en su granero miran la tarde del lunes pasar. Nuestras ovejas no tienen casa, es decir, tienen casa pero no tienen techo, literalmente.

Valga aclarar que tomamos la decisión de tener ovejas porque era técnicamente imposible cortar el pasto de la hectárea en la que vivimos, económicamente imposible pagarle a alguien para que lo hiciera con la regularidad requerida e intolerable dejar el pasto crecer a voluntad. De eso hacen varios meses y del compromiso de hacerles un techito que las proteja del frío invierno, nada. Lo cual me lleva al verdadero interés de este post: los compromisos autoadquiridos.

Mientras hemos vivido en el campo hemos estado constantemente adquiriendo compromisos para hacer esto o aquello, mejorar este cerco o arreglar esta esquina del jardín. Sin embargo, ha sido imposible e inabordable darles respuesta o siquiera mantenerlos presentes.

Lo cual me lleva –ahora sí- al verdadero interés de este post: las dificultades de una familia –multicultural, con guaguas, un sueldo, un perro, dos ovejas, tres gatos- que vive en el campo.

En marzo se cumplieron dos años desde que llegamos a esta casa y desde que comenzó la odisea de mantener la dignidad, el refrigerador abastecido, el matrimonio, la familia unida… en fin dos años desde que comenzó el juego verdadero.

Sería muy largo enumerar la cantidad de experiencias desastrosas y de las otras que nos nutren hoy, por lo que he decidido recurrir a ellas cuando sea necesario, cuando recuerde algo que valga la pena de contar o cuando la historia sea pertinente a lo que vaya contando.

Hoy lunes, llueve como la mayoría de los días de Junio en este lugar. Hasta ahora ha sido un día aburrido, con un viaje a Villarrica, uno suspendido a Curarrehue y uno programado a Pucón para las tres de la tarde. P se fue a buscar a eLe a su jardín y a comprar un poco de pan….. el pan de casa cansa!

E duerme placidamente y mi dormitorio se gotea impertérrito mientras el viento azota ligeramente los coigues traseros. Hace dos años que mi habitación se gotea (hace dos años que tenemos el compromiso de reparar la filtración). Pero esa es una historia de maestros que siempre saben qué hacer mal y cómo dejarlo peor.

Hoy lunes parece todo un poco más plácido que otros días. Creo que no ha sido una buena idea comenzar por hoy pues podría dar la errada impresión que vivir en el campo es siempre lindo y bucólico. Error. Ya les explicaré mejor, creo que tendré que volver atrás.


miércoles, mayo 30, 2007


Después de 7 meses estoy de vuelta. Trataré de quedarme esta vez. Vuelvoalsur. Veremos si esta vez es cierto.

viernes, octubre 27, 2006

LLUVIAS Y SOLES

Meses de estar en silencio a pes
ar de lo ruidoso de mis trayectorias. Viajes, paisajes, historias aburridas, algunos 0pasajes excitantes (a mi modesto juicio) de la vida de mi vida. Pero: ¿quién soy sino una mujer muy rural (cada día más me atrevería a señalar) con un poco de educación?

Soy la que ha dejado pasar los meses de silencio y visto una tras otra sucederse las neurosis producidas por quien sabe cuantas otras cosas. Nada que ninguna otra no haya superado ya.

!Por Dios, de qué hablo cuando digo "mujer rural"!

Afuera llueve como en el mas profundo de los inviernos mientras los pies se me congelan en esta oficina inhospita y triste. No es la mia, por suerte estoy con licencia médica.

Los niños crecen, yo no logro bajar un kilo a pesar de mis esfuerzos por cerrar la boca cuando disponen los manjares de la hora de la cena. Los dos gatos de la casa se fueron motivados, creo, por la escasa ración alimenticia que recibían. P sufre de una insolita preocupación por que los animales de la casa no engorden, lo cual me parece curioso, por decir lo menos. Ya habrá tiempo para contar algunos de estos detalles.

Hace 5 meses robaron mi casa, lo cual cambio para siempre intuyo la apacible vida campestre que gozabamos sin control. La empleada nos dejo botados sin decir palabra y mis sucesivos viajes a T se convirtieron en la pesadilla que mas desearia olvidar.

Los meses de este año de mierda han sido como una madeja que nunca termina de desenrrollarse.

Bueno, hay cosas buenas pero hoy no tengo ganas de enumerarlas. Siempre es mas entretenido contar lo que no resultó.

Aqui estoy de regreso, sin haberme nunca despedido. Disfrutando las lluvias y los soles del sur que reflejan cómicamentelos estados de mis días.

martes, marzo 07, 2006

SE (RE)ABRE EL TELON

Solo hoy regreso al incombustible desaliento de la oficina. Si, es tan grave como eso.

Las vacaciones estuvieron bien, los largos días de un calor manso, los niños en constante persecución de los nuevos gatitos, las visitas elogiando el paisaje y la cocina casera y de nuevo los largos días de un calor manso sin tener que viajar cuatro horas diarias para ir y volver del trabajo.

Las flores del jardín asomaron por fin demostrando que Ea tenía razón en el lugar y cantidad de semillas que debíamos esparcir. Los niños comenzaron su terapia con la especialista en lenguaje y las noches terminaron suavemente mecidas por un vodka polaco, envueltas en el humo de un Gitanes.

El post quiere recordarme que sigo teniendo ganas de escribir, que sigo aquí a pesar de que el “aquí” signifique precisamente eso. Y no allá como me gustaría, cerca de casa y de los lugares conocidos, cerca del silencio del campo que sisea en mis oídos mientras marcho por la ciudad sitiada, donde todos compran útiles escolares como pistolas para la ultima batalla.

Aquí estoy, sentada con un sin fin de historias funcionarias sin resolver y sin ánimo de ser resueltas, con el humo de unos Belmont Light impregnando mi ropa, iniciando una conversación que terminará esta noche cuando eLe pregunte: ¿por qué tienes olor a humo?

En fin, estoy de vuelta con mis veteranías de siempre, con los sueños intactos.

Si supieran ustedes que son unos sueños pibitos, como de ensayo general. Unos sueñitos que harían variar para siempre la escenografía de estos días un poco inciertos.

Un placer volver y reencontrarlas/los nuevamente.


miércoles, febrero 01, 2006

SOBRE LOS VIENTOS
Segunda parte

El aire caliente penetra por la ventana mientras Johan conduce entremedio de los monos, quienes –fingiendo no mirar- mantienen inmóviles sus enormes traseros sobre el polvoriento camino del parque.

Nadie ha logrado avistar elefantes o leones salvajes devorando tiernos cervatillos. Sólo unos enormes pájaros que se balancean sobre los árboles emitiendo unas especies de gruñidos que ella habría creído; es más, habría asegurado, provenían de algún animal herido de muerte.

Están todos un poco lánguidos y distraídos. No hay rugidos mortales ni encarnizadas luchas por sobrevivir, solo el paisaje de postal con los árboles inmóviles dibujando un perfil a la distancia.

Esa noche beben un shiraz perfecto en medio de una cena animada. Son los únicos en el extenso comedor del patio, adornado por unas magnificas flores anaranjadas que escupen intermitentes sus pistilos afilados. Lentamente comienzan a levantarse de la mesa, algunos caminan por el jardín, otros reposan en las hamacas de cañamo o beben un cóctel bajo el árbol-bar de la entrada.

Ellos se encuentran sin querer en el borde del minúsculo estanque y afirman simultáneamente sus brazos sobre la baranda, aguzando el oído para descubrir donde están las ranas que croan desde el anonimato.

Se miran y una chispa minúscula estalla cuando rozan sus brazos sin querer, mientras uno de los aros de ella cae en cámara lenta sobre los nenúfares.
Y entonces el viento.